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Maras, donde la sal es rosa

No todas las salinas están en el mar, y las de Maras se ubican en la montaña Qaqawiñay, a 3380 m.s.n.m., en el Valle Sagrado de los Incas.

Un paisaje apreciado por la belleza de las más de tres mil piscinas esculpidas en la tierra, cuya composición geológica unida al agua de manantial, producen esta sal de hermoso color rosa tan apreciada por los amantes de la buena mesa.

Además, vale la pena ver cómo los habitantes del vecino pueblo de Maras extraen artesanalmente la sal, tal como se ha hecho por siglos.

Datos

¿Por qué esta sal es distinta?

La sal de las montañas no es igual a la del mar, en este caso forma una de las capas de la tierra y de su composición que se compactó hace millones de años cuando los Andes estaban bajo el agua. Se les llama sales geológicas, y el color rosa obedece a la presencia de microorganismos y minerales como Potasio, Magnesio, Calcio, Hierro y Zinc, que, en conjunto con la luz producen ese efecto.

Para los gourmets es muy apreciada por su sabor suave, delicado que redondea el resultado de los platillos más refinados o exalta el gusto a los cortes de carne en las parrillas. Además, tiene propiedades cicatrizantes, desinflamantes y gracias a su baja concentración de cloruro de sodio, con moderación no afecta negativamente la presión alta.

Flor de sal

Para los gourmets es la sal más apreciada, y consiste en la delgada capa de sal que se forma a la primera hora del día. No tan fácil de recolectar y su sabor y textura es sencillamente increíble. Forma parte de las denominadas “finishing salts”, es decir, solo se usan como el toque final de las comidas por su extraordinaria delicadeza. Por supuesto, son más costosas. Pero si se topa con un poco, no se pierda esta experiencia.

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